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LA METÁFORA COMO ANALIZADOR SOCIAL EMMÁNUEL LIZCANO*

Desde  el análisis socio-metafórico: todo concepto es concepto metafórico y, por tanto, concepto social. En consecuencia, el análisis sistemático de los conceptos en tanto que metáforas es una vía privilegiada de acceso al sustrato social que constituye todo discurso y, en particular, permite traslucir la articulación social que vertebra ese discurso opaco por excelencia, ese discurso que hace del concepto ‘claro y distinto’ su seña de identidad: el discurso científico
En general, lo que en cierta lengua -o para cierto auditorio, o en cierto contexto- es un significado literal se convierte en otros en una expresión fuertemente metafórica (así, ese cero que en chino es, literalmente, una gota de rocío). No hay lenguaje natural, todo lenguaje es social.
A esta condición local de lo metafórico se añade una dimensión temporal o histórica,  que hace que lo propio y lo impropio, lo literal y lo metafórico, se viertan continuamente lo uno en lo otro. Resulta así que ciertas metáforas devienen con el tiempo expresiones propias; por ejemplo, el concepto de ‘trabajo’ en mecánica (importado del lenguaje ordinario a través de la economía), el de ‘gas’ (que empezó siendo ‘caos’ para van Helmont) en termodinámica, el de ‘de-mostración’ (ese ‘mostrar’ o ‘poner ante la vista’ propio de las construcciones geométricas) en lógica o el de ‘raíz cuadrada’ en matemáticas. Pero, también al contrario, ocurre que significados que eran bien propios para la ciencia establecida en un momento dado hoy nos ofrecen fuertes resonancias metafóricas, como los ‘números sordos’ medievales o el concepto de ‘sal hermafrodita’ de la química ilustrada, que llegará hasta hoy como ‘sal neutra’.  Significado propio o literal y significado ajeno, impropio, ficticio, figurado o metafórico, según se atribuya a la cosa, respectivamente, un nombre que designa alguna  propiedad específica suya (en cuyo caso podemos predicar tal nombre literakmente) o bien se le atribuya un nombre que lo es propiamente de otra cosa distinta.
 Para la lingüística cognitiva, la metáfora no es un mero recurso  expresivo sino una forma de modelar la percepción y construir conocimiento.
Metáfora y cognición
La operación metafórica es asimétrica, atribuye sentido, está orientada: ‘el atardecer de la vida’ no es equivalente a ‘la vejez del día’.
En el primer caso concebimos la vida en términos astronómicos: aplicamos al ciclo vital la experiencia y conocimiento sobre el ciclo solar: oscuridad de la vida, el calor de la vida
En el segundo caso, por el contrario, percibimos el ciclo diurno como un ciclo vital el día resulta biologizado, el día que envejece.
La metáfora funciona así como un mecanismo cognitivo que traslada el saber adquirido de un ámbito del conocimiento,  en este caso de la astronomía a la biología. La traslación metafórica no controla nunca todas las variables o aspectos que pone en juego; al hablar del ‘envejecer del día’ puede que el propósito explícito del hablante fuera sólo trasladar al día la idea de un final, de la inminencia de una muerte, pero no podrá evitar que todas las connotaciones y saberes implícitos que tanto él como sus lectores/oyentes tengan sobre la vejez resulten también proyectados inconscientemente sobre el ocaso: éste se percibirá como un momento de soledad y abandono si así es como habitualmente se percibe la vejez en su medio cultural, o se atribuirá al sol poniente esa imagen de plenitud y capacidad de discriminación (de los colores del paisaje, por ejemplo) que atribuyen a los ancianos otras sociedades
El carácter orientado de la metáfora permite así distinguir por un lado , por una parte,lo que  una sociedad o grupo da por sabido (lo con-sabido) y por supuesto (sus pre-su-puestos) en un cierto ámbito, aquel saber que considera fundado y en el que se funda, y lo que, por otra parte, para esa sociedad o grupo es una incógnita, un punto ciego que pretende iluminar a la luz de lo que le es familiar  y evidente.
Pero el acceso que así se obtiene a los presupuestos, creencias y evidencias colectivas no se limita al ámbito estricto en el que opera la metáfora sino que se extiende a aquellos otros que se vinculan con él –a menudo inconscientemente- mediante la compleja red de connotaciones, supuestos implícitos, derivaciones necesarias, etc. que ese grupo ha tejido en torno al sujeto de la metáfora.
De la metáfora al símbolo
Ante el intento de pensar conceptualmente un olor, nuestra cultura carece de expresiones adecuadas. Al tratarse de una cultura fundamentalmente óptica, todo la riqueza conceptual desarrollada para los colores y las formas no admite parangón con la escasa enciclopedia semántica elaborada, por ejemplo, para las sensaciones táctiles y no posee ni un sólo término específico para el campo de los olores. Si, pese a ello, insistimos en pensar ese olor y conceptualizarlo, se produce en nuestra mente un doble movimiento, a la vez afectivo, social e intelectual. Primero, un movimiento de focalización en una imagen, sensación o concepto próximo (el sujeto de la metáfora que ya estamos estableciendo) que funciona como correlato analógico del olor (término) que se quiere pensar. Segundo, una cascada de evocaciones y connotaciones convocadas por el poder atractor de aquel foco (o sujeto), sobre el cual vienen a precipitar o condensarse, contribuyendo a darle forma y definición. Así, un cierto olor a incienso acaso nos traiga la imagen de una iglesia, sobre la cual precipitarán toda una serie de recuerdos y asociaciones, de modo que esa iglesia funcionará como símbolo de aquel olor; y si intentamos entonces definir éste en términos conceptuales, las expresiones que utilizaremos para ello provendrán de los campos activados por tales evocaciones, quizá expresiones que se refieran a embriaguez, silencio, penetración o acritud, sacralidad... El término de la metáfora (la conceptualización del olor) quedará así definido en términos del sujeto que así ha llegado a adquirir categoría de símbolo.
La actividad metafórica y simbolizante es, por tanto, un mecanismo de resolución de problemas. En cuanto mecanismo es universal, y se activa por igual en el hombre de la calle ante el problema de conceptualizar un olor que en el físico teórico que se enfrenta a la ‘materia oscura’. Pero la particular solución que cada individuo o grupo arbitre para el problema inicial resulta  socialmente cargada con esa tupida red de adherencias evocativas y connotativas que se han condensado en el símbolo y que provienen tanto de la experiencia, creencias y expectativas personales del sujeto de la interrogación como de la experiencia,  creencias y expectativas colectivas de la cultura o grupo a los que pertenece
.  El concepto como síntoma
Los conceptos son así metáforas que hemos olvidado que lo son, La identificación de la metáfora que alimenta un concepto cuya condición metafórica nos había pasado desapercibida permite así considerar tal concepto como un síntoma a través del cual se manifiestan las fuerzas latentes que lo animan.
Cabe así hablar de metáforas vivas y metáforas muertas
Las primeras se caracterizan por mantener viva la ficción, la conciencia del ‘como si’, al no ocultar la analogía que las hace posibles. Son las metáforas que se presentan como ‘hallazgo poético’, pero también las que impulsan el momento poético, intuitivo o creativo de las ciencias: la formulación de hipótesis o conjeturas, el tratamiento de un problema geométrico como si fuera algebraico, etc. Ante una metáfora viva el lector/oyente es consciente de que está, efectivamente, ante una metáfora.
Ciertamente, estas metáforas muertas -o, al menos, muchas de ellas- fueron en un momento metáforas vivas, siendo -tanto sus autores como los oyentes- conscientes de su carácter ficticio, pero el tiempo y el uso las fueron desgastando, pasando a formar parte del acervo léxico de la lengua común y de los conceptos y operaciones formales y habituales de las ciencias. De ahí que su identificación como tales metáforas, su puesta entre comillas,  sea el primer paso para poder recorrer en sentido inverso su historia y descubrir en ella la acumulación de adherencias culturales que aún hoy le prestan secretamente un sentido que escapa a la conciencia .
Aunque la primera formulación de cierta metáfora sea una ocurrencia individual, no por ello la operación metafórica deja de ser una operación social:
•             Primero, porque sólo determinadas configuraciones y sensibilidades sociales hacen posibles -o, por el contrario, impensables- determinadas ocurrencias
•             Segundo, porque esa metáfora supera el carácter efímero de la mera ocurrencia y pasa a ser moneda corriente sólo cuando su uso se generaliza, es decir :
·         cuando tiene sentido para -y permite decir algo nuevo a- una comunidad concreta
·         cuando consigue imponerse a otras posibles metáforas en pugna, capacidad persuasiva
Algunas metáforas para pensar:
Electromagnetismo como acción a distancia
En la Grecia clásica, Diofanto estableció la analogía entre el campo de los  números y las figuras geométricas, dando origen a los fundamentos del algebra.
Conceptos metafóricos tan fuertes como los de ‘raíz de un cuadrado’ o ‘vigor = ‘potencia’) de un segmento.
Son factores sociales y culturales los que restringen así el abanico de todas las analogías y metáforas posibles, presentando a la intuición de la actividad instituyente tan sólo un número limitado de posibilidades abiertas. Los campos de la Geometría y de la biología sí se percibían como campos asemejables.
La regularidad y reiteración de uso reforzará el consenso en torno a su veracidad e incluso su naturalidad,  su internalización por los individuos fijará ciertas creencias y modos de conducta, su carácter coercitivo reprimirá cualquier intento de cuestionamiento,  relativización o perspectiva alternativa, su condición de evidencia compartida normalizará los discursos y las conductas,  su sustrato (metafórico) inconsciente será fuente de consecuencias no previstas y
Socio-análisis metafórico del lenguaje ordinario
Metáforas instituidas como  “invertir el tiempo “y “valer la pena”
 Esa naturalidad con que tal expresión se emite y se entiende señala precisamente el proceso de naturalización ideológica que han sufrido todos los contextos socio-culturales mencionados, sin los cuales una expresión así no sería posible .
La doble institucionalización de los conceptos científicos
A esta institucionalización de los términos y expresiones del lenguaje ordinario, se añade -en el caso de los conceptos científicos- una segunda segunda institucionalización, ésta ya consciente, sistemática y corporativa. Buena parte del trabajo científico consiste, efectivamente, en depurar –escrupulosa y metódicamente- aquellas metafóras instituyentes que estuvieron en el origen de una hipótesis o concepto nuevos de toda la ganga de adherencias simbólicas, tomadas del lenguaje común o del de alguna otra disciplina científica


El objeto de la metáfora, como hemos visto, es poder alojar en el lenguaje un problema o acontecimiento que por su oscuridad es aún inefable, usando para ello el conocimiento que se tiene de otro ámbito.
Pero, en los casos citados, la traslación de significados no sigue este camino sino el contrario: en lugar de intentar nombrar lo opaco y oscuro mediante lo evidente y claro, son los tópicos y conceptos comunes los que se formulan en los términos más pedantes y esotéricos.
En ocasiones, con la aparente pretensión de aportar rigor y precisión, se consigue un grado de imprecisión que raya en el absurdo:
«Un problema de ‘proporciones inmensas’»
Inmensas mayorías’
Sobredimensionarse un problema’
‘parámetros sociales’,
 Niveles de desarrollo, Factores sociales, Incrementos culturales’, Ser funcional, Segmentación social, Espacio social, Sectores sociales
Conceptos como ‘segmentación social’ o ‘sectores sociales (o productivos, o culturales)’ reducen la percepción de lo social a la imagen de una línea, susceptible de segmentarse, o de un círculo, divisible en sectores circulares. Ese ‘espacio social’ al que se llama ‘sociedad’ incorpora así todas las propiedades específicas de esos objetos matemáticos que son la recta de los números reales y el círculo definido en 2, como son el estar constituidos por puntos homogéneos, el que a cada uno de ellos se les pueda atribuir una magnitud (y, por tanto, sumar, restar, etc.), el que se encuentren totalmente ordenados, el constituir conjuntos densos y compactos, etc.
Hablar del «peso específico» de un sector social no sólo supone pensar lo social como un fragmento de superficie circular sino atribuir a esa superficie una propiedad física como el ‘peso específico’ que no puede tener. Sin embargo, estas metáforas imposibles (imposibles como operaciones conceptuales, aunque bien posibles –y aún habituales- como operaciones ideológicas) son moneda corriente: «ciertos ‘sectores (o segmentos) sociales’ han gravitado hacia posiciones extremas», el «peso de otros ‘sectores (o segmentos) sociales’ otorga una mayoría aplastante», la «inercia de ciertos ‘parámetros políticos’ produce un incremento negativo en los ‘niveles de confianza’ de los ‘sectores deprimidos’»
Se producen las metáforas –y, por tanto, los intereses y objetivos- de las ciencias duras, las de las ciencias sociales y las de las tecno burocracia a menudo se perciben como metáforas solidarias entre sí. Cuya potencia instituyente se opone a las metáforas locales ya instituidas y transmitidas por la tradición a través de leyendas, fórmulas cristalizadas, refranes, recitaciones orales, etc.
¿Qué campos relacionaríamos en la búsqueda de nuestra metáfora?
Educación: cuaderno, libros, pizarrón
Biología: oído , oreja ,sistema  …..

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