Desde el análisis socio-metafórico: todo concepto
es concepto metafórico y, por tanto, concepto social. En consecuencia, el
análisis sistemático de los conceptos en tanto que metáforas es una vía privilegiada
de acceso al sustrato social que constituye todo discurso y, en particular,
permite traslucir la articulación social que vertebra ese discurso opaco por
excelencia, ese discurso que hace del concepto ‘claro y distinto’ su seña de
identidad: el discurso científico
En general, lo que en cierta
lengua -o para cierto auditorio, o en cierto contexto- es un significado
literal se convierte en otros en una expresión fuertemente metafórica (así, ese
cero que en chino es, literalmente, una gota de rocío). No hay lenguaje
natural, todo lenguaje es social.
A esta condición local de lo
metafórico se añade una dimensión temporal o histórica, que hace que lo propio y lo impropio, lo
literal y lo metafórico, se viertan continuamente lo uno en lo otro. Resulta
así que ciertas metáforas devienen con el tiempo expresiones propias; por
ejemplo, el concepto de ‘trabajo’ en mecánica (importado del lenguaje ordinario
a través de la economía), el de ‘gas’ (que empezó siendo ‘caos’ para van
Helmont) en termodinámica, el de ‘de-mostración’ (ese ‘mostrar’ o ‘poner ante
la vista’ propio de las construcciones geométricas) en lógica o el de ‘raíz
cuadrada’ en matemáticas. Pero, también al contrario, ocurre que significados
que eran bien propios para la ciencia establecida en un momento dado hoy nos
ofrecen fuertes resonancias metafóricas, como los ‘números sordos’ medievales o
el concepto de ‘sal hermafrodita’ de la química ilustrada, que llegará hasta
hoy como ‘sal neutra’. Significado
propio o literal y significado ajeno, impropio, ficticio, figurado o
metafórico, según se atribuya a la cosa, respectivamente, un nombre que designa
alguna propiedad específica suya (en
cuyo caso podemos predicar tal nombre literakmente) o bien se le atribuya un
nombre que lo es propiamente de otra cosa distinta.
Para la lingüística cognitiva, la metáfora no
es un mero recurso expresivo sino una
forma de modelar la percepción y construir conocimiento.
Metáfora y cognición
La operación metafórica es
asimétrica, atribuye sentido, está orientada: ‘el atardecer de la vida’ no es
equivalente a ‘la vejez del día’.
En el primer caso concebimos la
vida en términos astronómicos: aplicamos al ciclo vital la experiencia y
conocimiento sobre el ciclo solar: oscuridad de la vida, el calor de la vida
En el segundo caso, por el
contrario, percibimos el ciclo diurno como un ciclo vital el día resulta
biologizado, el día que envejece.
La metáfora funciona así como un
mecanismo cognitivo que traslada el saber adquirido de un ámbito del
conocimiento, en este caso de la
astronomía a la biología. La traslación metafórica no controla nunca todas las
variables o aspectos que pone en juego; al hablar del ‘envejecer del día’ puede
que el propósito explícito del hablante fuera sólo trasladar al día la idea de
un final, de la inminencia de una muerte, pero no podrá evitar que todas las
connotaciones y saberes implícitos que tanto él como sus lectores/oyentes
tengan sobre la vejez resulten también proyectados inconscientemente sobre el
ocaso: éste se percibirá como un momento de soledad y abandono si así es como
habitualmente se percibe la vejez en su medio cultural, o se atribuirá al sol
poniente esa imagen de plenitud y capacidad de discriminación (de los colores
del paisaje, por ejemplo) que atribuyen a los ancianos otras sociedades
El carácter orientado de la
metáfora permite así distinguir por un lado , por una parte,lo que una sociedad o grupo da por sabido (lo
con-sabido) y por supuesto (sus pre-su-puestos) en un cierto ámbito, aquel
saber que considera fundado y en el que se funda, y lo que, por otra parte,
para esa sociedad o grupo es una incógnita, un punto ciego que pretende
iluminar a la luz de lo que le es familiar
y evidente.
Pero el acceso que así se obtiene
a los presupuestos, creencias y evidencias colectivas no se limita al ámbito
estricto en el que opera la metáfora sino que se extiende a aquellos otros que
se vinculan con él –a menudo inconscientemente- mediante la compleja red de
connotaciones, supuestos implícitos, derivaciones necesarias, etc. que ese
grupo ha tejido en torno al sujeto de la metáfora.
De la metáfora al símbolo
Ante el intento de pensar
conceptualmente un olor, nuestra cultura carece de expresiones adecuadas. Al
tratarse de una cultura fundamentalmente óptica, todo la riqueza conceptual
desarrollada para los colores y las formas no admite parangón con la escasa
enciclopedia semántica elaborada, por ejemplo, para las sensaciones táctiles y
no posee ni un sólo término específico para el campo de los olores. Si, pese a
ello, insistimos en pensar ese olor y conceptualizarlo, se produce en nuestra mente
un doble movimiento, a la vez afectivo, social e intelectual. Primero, un
movimiento de focalización en una imagen, sensación o concepto próximo (el
sujeto de la metáfora que ya estamos estableciendo) que funciona como correlato
analógico del olor (término) que se quiere pensar. Segundo, una cascada de
evocaciones y connotaciones convocadas por el poder atractor de aquel foco (o
sujeto), sobre el cual vienen a precipitar o condensarse, contribuyendo a darle
forma y definición. Así, un cierto olor a incienso acaso nos traiga la imagen
de una iglesia, sobre la cual precipitarán toda una serie de recuerdos y
asociaciones, de modo que esa iglesia funcionará como símbolo de aquel olor; y
si intentamos entonces definir éste en términos conceptuales, las expresiones
que utilizaremos para ello provendrán de los campos activados por tales
evocaciones, quizá expresiones que se refieran a embriaguez, silencio,
penetración o acritud, sacralidad... El término de la metáfora (la
conceptualización del olor) quedará así definido en términos del sujeto que así
ha llegado a adquirir categoría de símbolo.
La actividad metafórica y
simbolizante es, por tanto, un mecanismo de resolución de problemas. En cuanto
mecanismo es universal, y se activa por igual en el hombre de la calle ante el
problema de conceptualizar un olor que en el físico teórico que se enfrenta a
la ‘materia oscura’. Pero la particular solución que cada individuo o grupo
arbitre para el problema inicial resulta
socialmente cargada con esa tupida red de adherencias evocativas y
connotativas que se han condensado en el símbolo y que provienen tanto de la
experiencia, creencias y expectativas personales del sujeto de la interrogación
como de la experiencia, creencias y expectativas
colectivas de la cultura o grupo a los que pertenece
.
El concepto como síntoma
Los conceptos son así metáforas
que hemos olvidado que lo son, La identificación de la metáfora que alimenta un
concepto cuya condición metafórica nos había pasado desapercibida permite así
considerar tal concepto como un síntoma a través del cual se manifiestan las
fuerzas latentes que lo animan.
Cabe así hablar de metáforas
vivas y metáforas muertas
Las primeras se caracterizan por
mantener viva la ficción, la conciencia del ‘como si’, al no ocultar la analogía
que las hace posibles. Son las metáforas que se presentan como ‘hallazgo
poético’, pero también las que impulsan el momento poético, intuitivo o
creativo de las ciencias: la formulación de hipótesis o conjeturas, el
tratamiento de un problema geométrico como si fuera algebraico, etc. Ante una
metáfora viva el lector/oyente es consciente de que está, efectivamente, ante
una metáfora.
Ciertamente, estas metáforas
muertas -o, al menos, muchas de ellas- fueron en un momento metáforas vivas,
siendo -tanto sus autores como los oyentes- conscientes de su carácter
ficticio, pero el tiempo y el uso las fueron desgastando, pasando a formar
parte del acervo léxico de la lengua común y de los conceptos y operaciones
formales y habituales de las ciencias. De ahí que su identificación como tales
metáforas, su puesta entre comillas, sea
el primer paso para poder recorrer en sentido inverso su historia y descubrir
en ella la acumulación de adherencias culturales que aún hoy le prestan
secretamente un sentido que escapa a la conciencia .
Aunque la primera formulación de
cierta metáfora sea una ocurrencia individual, no por ello la operación
metafórica deja de ser una operación social:
• Primero,
porque sólo determinadas configuraciones y sensibilidades sociales hacen posibles
-o, por el contrario, impensables- determinadas ocurrencias
• Segundo,
porque esa metáfora supera el carácter efímero de la mera ocurrencia y pasa a
ser moneda corriente sólo cuando su uso se generaliza, es decir :
·
cuando tiene sentido para -y permite decir algo
nuevo a- una comunidad concreta
·
cuando consigue imponerse a otras posibles
metáforas en pugna, capacidad persuasiva
Algunas metáforas para pensar:
Electromagnetismo como acción a
distancia
En la Grecia clásica, Diofanto
estableció la analogía entre el campo de los
números y las figuras geométricas, dando origen a los fundamentos del
algebra.
Conceptos metafóricos tan fuertes
como los de ‘raíz de un cuadrado’ o ‘vigor = ‘potencia’) de un segmento.
Son factores sociales y
culturales los que restringen así el abanico de todas las analogías y metáforas
posibles, presentando a la intuición de la actividad instituyente tan sólo un
número limitado de posibilidades abiertas. Los campos de la Geometría y de la
biología sí se percibían como campos asemejables.
La regularidad y reiteración de
uso reforzará el consenso en torno a su veracidad e incluso su
naturalidad, su internalización por los
individuos fijará ciertas creencias y modos de conducta, su carácter coercitivo
reprimirá cualquier intento de cuestionamiento,
relativización o perspectiva alternativa, su condición de evidencia
compartida normalizará los discursos y las conductas, su sustrato (metafórico) inconsciente será
fuente de consecuencias no previstas y
Socio-análisis metafórico del lenguaje ordinario
Metáforas instituidas como “invertir el tiempo “y “valer la pena”
Esa naturalidad con que tal expresión se emite
y se entiende señala precisamente el proceso de naturalización ideológica que
han sufrido todos los contextos socio-culturales mencionados, sin los cuales
una expresión así no sería posible .
La doble institucionalización de los conceptos científicos
A esta institucionalización de
los términos y expresiones del lenguaje ordinario, se añade -en el caso de los
conceptos científicos- una segunda segunda institucionalización, ésta ya
consciente, sistemática y corporativa. Buena parte del trabajo científico
consiste, efectivamente, en depurar –escrupulosa y metódicamente- aquellas
metafóras instituyentes que estuvieron en el origen de una hipótesis o concepto
nuevos de toda la ganga de adherencias simbólicas, tomadas del lenguaje común o
del de alguna otra disciplina científica
El objeto de la metáfora, como hemos visto, es poder alojar en el
lenguaje un problema o acontecimiento que por su oscuridad es aún inefable,
usando para ello el conocimiento que se tiene de otro ámbito.
Pero, en los casos citados, la traslación de significados no sigue
este camino sino el contrario: en lugar de intentar nombrar lo opaco y oscuro
mediante lo evidente y claro, son los tópicos y conceptos comunes los que se
formulan en los términos más pedantes y esotéricos.
En ocasiones, con la aparente pretensión de aportar rigor y
precisión, se consigue un grado de imprecisión que raya en el absurdo:
«Un problema de ‘proporciones inmensas’»
Inmensas mayorías’
Sobredimensionarse un problema’
‘parámetros sociales’,
Niveles de desarrollo, Factores
sociales, Incrementos culturales’, Ser funcional, Segmentación social, Espacio
social, Sectores sociales
Conceptos como ‘segmentación social’ o ‘sectores sociales (o
productivos, o culturales)’ reducen la percepción de lo social a la imagen de
una línea, susceptible de segmentarse, o de un círculo, divisible en sectores
circulares. Ese ‘espacio social’ al que se llama ‘sociedad’ incorpora así todas
las propiedades específicas de esos objetos matemáticos que son la recta de los
números reales y el círculo definido en 2, como son el estar constituidos por
puntos homogéneos, el que a cada uno de ellos se les pueda atribuir una
magnitud (y, por tanto, sumar, restar, etc.), el que se encuentren totalmente
ordenados, el constituir conjuntos densos y compactos, etc.
Hablar del «peso específico» de un sector social no sólo supone
pensar lo social como un fragmento de superficie circular sino atribuir a esa
superficie una propiedad física como el ‘peso específico’ que no puede tener.
Sin embargo, estas metáforas imposibles (imposibles como operaciones
conceptuales, aunque bien posibles –y aún habituales- como operaciones ideológicas)
son moneda corriente: «ciertos ‘sectores (o segmentos) sociales’ han gravitado
hacia posiciones extremas», el «peso de otros ‘sectores (o segmentos) sociales’
otorga una mayoría aplastante», la «inercia de ciertos ‘parámetros políticos’
produce un incremento negativo en los ‘niveles de confianza’ de los ‘sectores
deprimidos’»
Se producen las metáforas
–y, por tanto, los intereses y objetivos- de las ciencias duras, las de las
ciencias sociales y las de las tecno burocracia a menudo se perciben como
metáforas solidarias entre sí. Cuya potencia instituyente se opone a las
metáforas locales ya instituidas y transmitidas por la tradición a través de
leyendas, fórmulas cristalizadas, refranes, recitaciones orales, etc.
¿Qué campos relacionaríamos
en la búsqueda de nuestra metáfora?
Educación: cuaderno,
libros, pizarrón
Biología: oído , oreja
,sistema …..






